AUTOACEPTACIÓN: CAMINANDO HACIA UNA SANA AUTOESTIMA

AUTOACEPTACIÓN: CAMINANDO HACIA UNA SANA AUTOESTIMA

Contrariamente al pensamiento popular, la autoestima no surge de evaluarnos positivamente en cada situación, sino de observarnos con objetividad y aceptación.

Por autoaceptación entendemos el reconocimiento responsable y sereno tanto de aquellos rasgos físicos y psíquicos que valoramos en nosotros mismos y consideramos cualidades, virtudes o características positivas, como de los que nos limitan o desagradan en cierta medida. En definitiva, autoaceptarnos es reconocer que somos seres humanos falibles, que cometemos errores y contamos con limitaciones.

“Autoaceptación quiere decir que la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no le conceden su aprobación, su respecto y su amor”. (A. Ellis)

Para ilustrar la importancia de la autoaceptación y, por tanto, de la identificación y reconocimiento de nuestras limitaciones, compartimos la siguiente fábula que cita J.L. Martín Descalzo (sacerdote, periodista y escritor español) en su libro “Razones para la alegría”.

“Los animales del bosque se dieron cuenta un día de que ninguno de ellos era el animal perfecto: los pájaros volaban muy bien, pero no nadaban ni escarbaban; la liebre era una estupenda corredora, pero no volaba ni sabía nadar, y así todos los demás. ¿No habría manera de establecer una academia para mejorar la raza animal? Dicho y hecho. En la primera clase de carrera, el conejo fue una maravilla, y todos le dieron sobresaliente; pero en la clase de vuelo subieron al conejo a la rama de un árbol y le dijeron: “¡Vuela, conejo!” El animal saltó y se estrelló contra el suelo, con tan mala suerte que se rompió dos patas y fracasó también en el examen final de la carrera. El pájaro fue fantástico volando, pero le pidieron que excavara como el topo. Al hacerlo se lastimó las alas y el pico y, en adelante, tampoco pudo volar; con lo que ni aprobó la prueba de excavación ni llegó al aprobadillo en la de vuelo.

Convenzámonos: un pez debe ser pez, un estupendo pez, un magnifico pez, pero no tiene por qué ser un pájaro. Un hombre inteligente debe sacarle la punta a su inteligencia y no empeñarse en triunfar en deportes, en mecánica y en arte a la vez. Sólo cuando aprendamos a amar en serio lo que somos, seremos capaces de convertir lo que somos en una maravilla”.

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