¿POR QUÉ MUCHAS VECES ES PEOR LO QUE IMAGINAMOS QUE LO QUE LUEGO RESULTA SER?

¿Cuántas veces nos habrá ocurrido que antes de un examen o, incluso una vez realizado, pensamos que vamos a suspender o a sacar “mala nota”, y luego esto no sucede (y a veces hasta sucede lo contrario)? O, ¿cuántas veces nos habrá ocurrido el pensar: “no quiero ir con Fulanito de vacaciones, va a ser un infierno..”, “y verás tú, además, cuando le diga que no quiero ir de vacaciones con él”, o, “me van a hacer mucho daño en el dentista, no quiero ir!”? Y tantas cosas que se nos podrían ocurrir, y que luego uno piensa: “anda, pues no lo hice tan mal”, o “no era para tanto!”, o “pues ha estado mejor de lo que pensaba, hasta me lo he pasado bien!”. Esto nos pasa a todos de vez en cuando, pero puede ser interesante detenernos a observar si es algo que, a pesar de la experiencia, repetimos con cierta frecuencia. Efectivamente, tal y como apuntaba una de nuestras lectoras, desde el modelo de Ellis, el anticipar sucesos más negativos de lo que luego resultan ser es un ejemplo de distorsión cognitiva. Y también, si Kelly (el psicólogo que elaboró la teoría de los constructos personales y que comparó el funcionamiento cognitivo del ser humano con el de un científico por nuestra tendencia a anticipar y predecir sucesos, y a tener una idea de lo que se puede esperar de las cosas o de la gente, etc.) levantara la cabeza, diría que estamos siendo unos “científicos” poco eficaces, ya que nuestras predicciones no se cumplen. A pesar de que la experiencia nos muestre lo contrario, seguimos anticipando cosas que luego no suceden. Desde esta teoría, nuestro sistema predictivo falla cuando no se cumple lo que estimamos y cuando esa estimación no se corresponde con la experiencia, es decir, cuando no hay “base empírica” para realizar esa predicción.

Pero, ¿por qué ocurre esto? A la hora de hacer predicciones o anticipar resultados o consecuencias, podemos desviarnos de forma tanto positiva como negativa. Pero aquí hablamos de qué le puede ocurrir a una persona para tender a anticipar cosas más negativas de lo que luego resultan ser. Si cogemos el ejemplo del estudiante ¿Qué le puede suceder a alguien que, a pesar de sacar siempre notables y sobresalientes y a pesar de haber estudiado bien, con frecuencia entre al examen pensando que no va a saber responder las preguntas, o salga del mismo pensando que va a suspender o a aprobar con suerte? Esta estimación no se basa en su experiencia, porque en muchos casos, ni si quiera es algo que haya ocurrido nunca (y en otros, ha podido ocurrir de forma puntual). Cada caso es un mundo, pero una posible explicación es que a quien le ocurra esto, esté realizando una estimación desde el miedo.

Hemos visto muchas veces cómo el tipo de pensamientos que tenemos (sobre nuestras capacidades, sobre nuestra imagen, sobre la de los demás, etc.) hace que nos sintamos de una manera u otra. Sin embargo, tampoco debemos olvidar que, muchas veces, la dirección va en doble sentido, y que un afecto o una emoción también puede determinar aquello que pensamos.

En cada caso habría que ver si existe algún miedo (puede ser miedo al fracaso, al rechazo, al ridículo, al dolor, etc.) y, de haberlo, habría que explorar de dónde viene pero, sin poder entrar ahora en esos detalles, la idea de que exista algún miedo (a veces más intenso de lo que creemos) puede explicar el hecho de que, a veces, sigamos anticipando lo peor a pesar de que la mayoría de las veces no se cumpla. Es cierto que no acertamos, y que también se sufre (y mucho) esperando cosas negativas pero, de algún modo, esta forma de funcionar podría generar una ilusión de protección en algunas personas. Si es cierto que la persona que tiende a anticipar consecuencias más negativas de lo que realmente son, tiene miedo, entonces posiblemente también tenga la necesidad de “prepararse” ante la posibilidad de que aquello que teme se cumpla. De modo que es preferible estar preparado para cuando eso suceda, y la forma que algunas personas encuentran para prepararse es creerse e incluso convencerse de que eso va a suceder. Y si no sucede? Será un alivio o una alegría. Es una forma de “asegurar” un final que no nos sorprenda negativamente: sucederá o bien lo que ya esperábamos, o bien algo mejor. Una táctica (inconsciente o parcialmente consciente) que tiene un sentido y que, de algún modo, puede dar cierta tranquilidad. Pero la pregunta que quizá tengamos que hacernos sea: ¿realmente funciona?

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