¿Son todos los sentimientos de culpa insanos?

¿Son todos los sentimientos de culpa insanos?

NO, no todo sentimiento o sensación de culpabilidad resulta insano. Llegar a gestionarlos de manera saludable en determinadas ocasiones constituye un signo de indiscutible madurez. Por ejemplo, aprender a sobrellevar y aceptar las críticas y autocríticas, muchas veces supone todo un reto en términos de desarrollo personal. Los sentimientos de culpa que pueden aparecer asociados a estas críticas pueden ser y son, con frecuencia, un peligroso foco de autodesestima destructiva, es decir, de culpa angustiosa, persecutoria e infecunda, desencadenada por exigencias e imperativos, en muchas ocasiones, irracionales.

José Antonio García-Monge, filósofo y psicólogo, miembro fundador del Instituto de Interacción y Dinámica personal, ha sintetizado los aspectos fundamentales que suelen aparecer asociados, por un lado, a los sentimientos de culpabilidad sanos y, por otro, a los insanos. Todos estos indicadores pueden ser de gran utilidad para hacer una reflexión personal acerca de cómo son estos sentimientos de culpabilidad en mí y cómo los gestiono. A continuación los compartimos:

Los sentimientos de culpabilidad sanos:

Cuestionan y tienen en cuenta la conducta concreta evaluada, respetando el potencial de bondad de la persona.
Proceden de la expresión de una libertad responsable, ejercida con un conocimiento adecuado de la moralidad del acto.
Son perfectamente compatibles con la autoestima: uno puede sentirse sanamente culpable y seguir amándose sanamente a sí mismo.
No se centran tanto en el hecho de que la conducta “manche” la propia imagen personal y la imagen que tienen los demás de la propia persona, sino en el daño causado al otro. Tienden, por tanto, a dinamizar el amor hacia el otro, no la tortura y la autoagresión, y generan más deseos de reparar el daño cometido que turbación y morbosidad interior.

Los sentimientos de culpabilidad insanos:

Generan autoagresión y autodesprecio a través de automensajes acusatorios y condenatorios generalizados, que dañan la autoestima.
Pueden también generar conductas compulsivas compensatorias, como beber o comer en exceso, que suelen ser nocivas a medio o largo plazo.
Bloquean los recursos personales para cambiar, porque, si alguien llega a creer que realmente es malo, esta creencia actuará como una “profecía autoinducida” que precipitará conductas “malas”.
Pueden ser una sutil variedad de juego psicológico, un precio que pagamos por nuestra necesidad de pertenencia.
Pueden también ser un intento de reparar sufriendo el mal cometido, como si con nuestro sufrimiento pudiéramos reparar el mal que hemos hecho.
Incluyen a menudo componentes de miedo a un posible rechazo o castigo, y también de vergüenza por haber decepcionado a “alguien”.

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