Teoría de la mente: Juego, empatía y engaño

Qué hace que las mentiras, los engaños, el juego, la empatía, la ironía, los chistes, las relaciones sociales y el lenguaje estén relacionados.

Imaginemos un día de verano, después de un baño en la piscina (si nos gusta la piscina), mientras nos secamos observamos el juego de un vecino de nuestra toalla, Pablito, un niño de unos 4 ó 5 años, ha cogido un flotador alargado con forma de palote, se ha montado a horcajadas y lo cabalga como si fuese un caballo, le dice “arre” y “sooo”, incluso dialoga con su “nuevo amigo”. Hasta ahí todo normal, nadie diría que un niño de 4 ó 5 años, ha caído en la locura por tratar a su flotador como si fuera un caballo, porque todos entendemos que está jugando. Un simple juego de niños en apariencia, por el cual podemos aprender bastante sobre el estado mental del niño y la función simbólica del lenguaje.

Lo primero que podemos advertir es que Pablito cuando hace “como si” el flotador fuera un caballo, no cree, en el modo literal de representación, que lo sea. Si lo creyera, estaría en un error, o peor estaría sufriendo una alucinación. En el error, tomar algo por lo que no es equivocadamente, solo existe una representación de algo, que no se corresponde con la realidad de ese algo. En la ficción, por el contrario, se producen dos representaciones simultáneas de ese algo. Por eso, una vez llegados hasta aquí podemos preguntarnos lo siguiente: ¿Qué función adaptativa puede tener esa ruptura con la representación literal de las cosas, que se da en el juego simbólico o de ficción y, en cierto modo rudimentario, en todas las representaciones simbólicas?

En la ficción se genera un símbolo al cual se le signa un nivel representacional que se sobrepone sobre el nivel literal, y al que el psicólogo Alan Leslie (1987) denomina “Metarrepresentación”. Para Leslie es entre el segundo y quinto año de vida, cuando se da el proceso de desacoplamiento, por el cual las metarrepresentaciones se diferencian de las representaciones literales. Este proceso de desacoplamiento sería el mecanismo subyacente tanto al desarrollo del juego simbólico que da la pauta de ficción en el niño, como a su capacidad de emplear una forma relativamente elaborada de actitud intencional; capacidad que algunos investigadores han denominado como “Teoría de la mente”.

En el plano metarrepresentacional se suspenden las relaciones ordinarias de verdad y referencia, por eso, este desarrollo, que es tan específico como propio del lenguaje, requeriría por hipótesis de la construcción de cierta maquinaria mental que suponemos importante para su desarrollo funcional.

La importancia de la existencia de un modo metarrepresentacional obedece a varias razones:

1. El desarrollo metarrepresentacional juega un papel decisivo en la elaboración progresiva de un mundo simbólico de ficción en el niño, que le permite situarse progresivamente en un ámbito imaginario, que implica una ampliación de “lo real”, cada vez más independiente de la imposición de los datos perceptivos inmediatos y de la “tiranía de lo particular”. El Lenguaje además de “representar lo real”, tiene también como función elaborar lo ficticio.

2. La comprensión funcional del Lenguaje reside en que las metarrepresentaciones son los fundamentos de la Teoría de la Mente, y que esta es, a su vez, la base de destrezas comunicativas que son decisivas en los usos lingüísticos.

Las adaptaciones sofisticadas y rápidas a los estados mentales de otros, que constituyen la raíz funcional de la conversaciones y otras modalidades lingüísticas que determinan la empatía y las relaciones sociales, se derivan de la posesión y empleo de la Teoría de la Mente.

La Teoría de la Mente puede considerarse una elaboración compleja de la estrategia intencional, que implica la capacidad de diferenciar los estados mentales propios de los ajenos. Presupone, por tanto, la habilidad de atribuir a otros estados mentales y su posesión se manifiesta, con la máxima claridad, por ciertos criterios que se evidencian por el engaño o la simulación.

Así que un organismo posee una Teoría de la Mente lo demuestran, principalmente, hechos como:

1. Su capacidad de mentir o engañar.- Crear intencionadamente en otros, estados de creencia que no se corresponden con sus propios estados de creencia verdadera con el fin de obtener beneficios.

2. Su capacidad de reconocer cuándo otro organismo es engañado.- Dándose cuenta de que la creencia de ese otro organismo no corresponde con la propia creencia verdadera.

3. La capacidad de reconocer cuándo otro organismo engaña o trata de engañar.- Trata de crear un estado de creencia en otro, que no se corresponde con el que él mismo posee.

La razón por la que el engaño constituye el indicador más claro de la Teoría de la Mente es que en él se expresa la capacidad de diferenciar los estados propios de creencia de los ajenos. Es fácil de comprender la enorme ventaja adaptativa que supone la destreza del engaño activo y el reconocimiento del engaño.

Pero, ¿por qué se llama a esta capacidad Teoria de la mente?

Premack y Woodruff (1978) emplearon por primera vez esta denominación en el experimento con el chimpancé hembra llamado Sara. Emplearon esta denominación porque la atribución a otros de estados mentales implica emplear objetos teóricos tales como deseos, creencias e intuiciones (que no son en realidad fenómenos empíricos, sino mentales) con el fin de predecir la conducta de los organismos, de forma semejante a como las ciencias emplean objetos teóricos para predecir los fenómenos físicos. El experimento con Sara mostraba que la Teoría de la Mente no es específica de nuestra especie, pues se ha visto que los antropoides superiores poseen un carácter deliberado y versátil que les hace merecedores de la atribución de una competencia de Teoría de la Mente, sin embargo esta capacidad se da en un grado notablemente menor en comparación con los humanos.

Los niños normales desarrollan rápidamente su capacidad de Teoría de la Mente a lo largo del periodo preoperatorio: en el segundo año del niño, muchos juegos consisten en engañar y ser engañado, y entre los 4 y 5 años la mayoría de los niños son capaces de reconocer cuándo un personaje tiene una creencia falsa que no se corresponde con un estado de hechos.

Una pista evolutiva importante para comprender las relaciones entre las competencias metarrepresentacionales, la Teoría de la Mente, el juego simbólico, y el Lenguaje es el hecho de que desde ya el 2º año de vida, los niños desarrollan un vocabulario muy rico en verbos mentales como: querer, creer, saber, etc. Este vocabulario lo van refinando progresivamente mediante distinciones semánticas muy sutiles tales como la que existe entre “saber” y “adivinar”, a lo largo de su periodo crítico de adquisición del Lenguaje y en fases posteriores.

La Teoría de la Mente, como se ve, constituye pues uno de los elementos fundamentales en el desarrollo del lenguaje, en cuanto a uso funcional de modificar los estados mentales de los demás, como son gustos, emociones, deseos, intenciones, propósitos, expectativas… para lo cual se requiere un proceso de atribución de estados mentales en los demás organismos dotados de lenguaje (o intencionalidad), semejante a los propios. De todo ello se van a derivar habilidades tan importantes para nuestra vida como la empatía o las habilidades sociales. Por ello, los trastornos del espectro autista tiene como uno de sus rasgos característicos los déficit en el lenguaje y Teoría de la Mente.

En el víedo introductorio, se muestra cómo se puede apreciar la posesión de la Teoría de la Mente mediante un sencillo experimento para niños de 3-4 años.

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