LA VERGÜENZA TAMBIÉN PUEDE SER UNA EMOCIÓN ADAPTATIVA

LA VERGÜENZA TAMBIÉN PUEDE SER UNA EMOCIÓN ADAPTATIVA

Es fundamental tener en cuenta que, aunque la vergüenza vaya asociada a cierto sufrimiento o malestar, no siempre es desadaptativa. Como adelantábamos en el post anterior (“Profundizando en la emoción de vergüenza”), se trata de una emoción que puede facilitar las relaciones sociales y la aparición del sentimiento de pertenencia. Lo que resulta fundamental para el desarrollo del comportamiento prosocial, de la empatía, de la compasión e incluso para la supervivencia.

La vergüenza se puede relacionar con nuestro sentido del valor personal. Es decir, en ocasiones podemos sentir vergüenza cuando alguien viola de manera implícita o explícita nuestras creencias y valores personales. Esta vergüenza nos puede dar información relevante acerca de lo que consideramos como un comportamiento socialmente aceptable o intolerable. Y esta información a su vez puede servirnos de guía para la propia conducta. Por tanto, la vergüenza también puede ser adapatativa, ya que nos ayuda a proteger la propia intimidad a la vez que nos mantiene conectados con los demás.

La vergüenza también es una emoción que cumple una función de regulación social. Su objetivo principal es cumplir las normas sociales implícitas en la comunidad de pertenencia, para lograr la aceptación de la misma. Esto explica que los niños hasta los cuatro años aproximadamente no sientan vergüenza, pues todavía no tienen desarrollado el pensamiento social y, sólo cuando son capaces de entender que también existe el mundo del otro, comienzan a notar su mirada y a verse reflejados en ella.

Las experiencias asociadas a la vergüenza adaptativa conectan a las personas al dato de realidad de que son humanas y, por tanto, pueden cometer errores. También las conectan con la necesidad de valorarse, respetarse y aceptarse, a pesar de los errores. Y es, en estas necesidades, donde media la vergüenza regulando las relaciones sociales, su proximidad, su lejanía y la decisión de cuáles mantener. En esta regulación de las relaciones sociales la vergüenza favorece el desarrollo de la empatía, de la compasión, de la aceptación y de comportamientos prosociales.

En definitiva, la vergüenza, como cualquier emoción, nos puede ayudar a actuar adecuadamente y a adaptarnos a situaciones sociales. Esta emoción funciona como reguladora ética y moral, nos da información sobre determinados errores y nos motiva a rectificarlos o a evitar reproducirlos en el futuro.

“Uno de los aspectos funcionales de la vergüenza reside en la invitación a una adaptación social, a la conformidad y a la pertenencia.”
(J.M. Robine)

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